“EL NANGUE SIGUE VIVO”. Técnicas húmedas / cartón crescent. 46×51 cm

-Debo subir más a la diri aún más, aún más… otro paso más…y otro más y llegaré a donde quiero. Ellos me esperan. Me están esperando y siento conmigo a mi nangue que se quiere salir. Pero no, no es el momento aún. Fuerza, otro poco más y lo logro-

El rastro de sangre era cada vez mayor por el esfuerzo.Su contextura física era inmejorable. Había sido todo un regalo de los dioses cuando nació.Pero había quedado muy herido tras la batalla y las rápidas curaciones practicadas, no eran suficientes esta vez.

Se detiene, descansa. Sabe que si quiere llegar, debe ser cauteloso. Hay todo un mendi sobre él y lo sabe, puede oler a los nyuju a lo lejos.

Ellos son cobardes, no atacan ahora, pero saben que estoy aquí…..

Iba tratando de cubrir con una rama su huella de sangre y sus pisadas, a veces a rastras, pero el terreno tiene muchas rocas y no es posible hacer desaparecer todo este rastro.

Sabía que sería la última batalla. Lo sabía. Su decisión era morir o vencer y ahora le tocaba lo primero. Como inigualable guerrero, sabía que ya no había más que hacer. Solo huir, intentar reagruparse y volver a morder al enemigo. Como las hormigas: un mordisco y correr. Otro mordisco y correr…ah, si pudiera hacerlo -dijo, exhalando un aliento de cansancio y de muerte, seguro que otros vendrían después de él. Otros seguirán esta lucha hasta terminarla hasta los confines de los siglos.

Le dolían muchos las heridas. Sentía caliente, muy caliente, ahí donde el rayo disparado por el nyuju logró alcanzarlo por la espalda en el momento que lograba arrancar otra gutxima con el golpe certero de su macana que tan bien manejaba y que le había valido el respeto de sus hombres y el respeto y temor de su enemigos, los naguas o niquiranos , los nindirises, los matagalpas y tantas otros tribus vecinas.

Pero se sintió satisfecho y eso le hizo cobrar fuerzas.

Habían sido setenta y dos lunas luchando.

Su antiguo rival, el Rey Nicarao había caído en una de las batallas, al igual que otros caciques. Había dado gloriosas batallas a un enemigo superior en técnica militar, pero había caído junto a su pueblo con la dignidad del hombre libre.Junto al lago grande intentando alcanzar Ometepetl.

Se sentía feliz de haber cumplido con un sagrado deber:

Había encabezado toda una insurrección con todas las tribus de estos lados del mar. Ningún extraño va a venir a conquistarnos sin perder la vida. Y si nos vencen, otros vendrán después de nosotros. Ellos, los nyuja van a seguir viniendo, son muy poderosos, pero su sangre va a quedar aquí también en esta sagrada tierra, junto a la de nosotros.

Las únicas tribus que quedaban -y quedarían en pie- serían los caribicis que sagazmente se internaron hacia el este hacia el mar caribe, territorio muy lejano e inhóspito para el español y que por ello, optaron por no perseguirlos más allá de cierto límite, de cierta línea convenida o verse sometidos al riesgo de no volver. No, mejor así. Ya vendrían otros tiempos mejores, ahora hay que asegurar y colonizar esta parte del territorio de la Niqueragua, el más hostil de los territorios conquistados hasta ahora.

Se le vino a la memoria también como parte de aquel breve momento de gratos recuerdos, el de su ngumu, ya muerta, cuando le contaba la alegría de su teyte, su amado Nyhuti, su abuelo cacique cuando lo sostuvo entre brazos al nacer quitándoselo a su madre, diciendo:

“gracias, hoy hay nuevo teyte diriam” pues los dioses se habían pronunciado y sabían que bajo su estirpe, nacería un gran jefe guerrero, destinado a liderar grandes batallas contra enemigos extraños que llegarían de otras tierras lejanas.

Y así había sido.

Muy pronto, fue instruido en las artes de la guerra habiendo demostrado fiereza, la misma del nangue que al nacer se le había asignado como espíritu de la naturaleza y ahora estaba con él, queriendo salir ya del envoltorio de su cuerpo.

Este seguiría luchando. Este nunca jamás sería cazado y donde todos lo vean, unos sentirán temor y otros sabrán que es Dirianghen el que vive todavía sin perder su última batalla

Reanudó la ascensión del cerro Apastepe cada vez más lentamente. Aún era oscuro. Pronto amanecería y desde lo alto él iba a hablar seriamente con sus dioses.

Le habían hablado. Le habían prometido y…ahora él estaba ahí muriendo lentamente , desangrándose por las heridas recibidas, los golpes, cortadas de espada española, pero sobre todo por ese rayo que lo logró alcanzar por detrás. Los españoles quería darle caza a él precisamente. Habían extendido un cerco de esas alimañas en las que iban montados y poco a poco habían ido matando al grupo de guerreros que le acompañaban, hasta quedar solo él luchando a macanazos contra las espadas, desprendiendo cabezas con un golpe, pero al sentir ese rayo en la espalda, se vino abajo y cayó.

Otro grupo de guerreros que ya se desplazaban hacia donde él estaba, lograron abrirse paso. Muchos murieron, pero otros lo lograron sacar vivo de aquel cerco de muerte.

La batalla se había perdido ya, pero él aún vivo fue llevado a los tepatiani más cercanos en los llanos de Olomega en donde se recuperó unas horas tomando ahí mismo su sagrada decisión, que había sido costumbre de los bravos.

Cayendo las sombras de la noche de ese mismo día, emprendió su marcha hacia Apastepe. Solo. No quiso que nadie le acompañara. Esto era algo entre él y sus dioses.Al fin de cuentas, por su cuerpo y espíritu corría la sangre y la divinidad del sol.

Teskatlilpoka debía responder y también aquel que había dejado de hablar directo con Nicarao y él y otros, desde hacía ya varias lunas, el mismo Quetzalcoatl ( Tamagastad ), dios de todos, creador de la tierra, el agua , el aire, del hombre y la mujer y todo lo que vemos.

Iban a responder. Ya faltaba poco para llegar a la cima.

El Comandante español, Nicuesa Alvarez, sagaz y entrenado en tantas lides, de tantas batallas contra los moros, sabía que estuvo cerca de dar muerte a aquel líder en la propia batalla, por eso no podía dejarlo con vida. Lo habían visto alejarse casi cargado por sus guerreros e igualmente su olfato le decía que por ahí, por algún lugar, estaba vivo Dirianghen.

El iba a regresar con su cabeza. Era un hombre de honor -se dijo a sí mismo- y había empeñado su palabra después de atravesar riscos y desfiladeros para llegar hasta el territorio en donde el Cacique había planificado su plan de batalla final, que esta vez, llevaría en una lanza, la cabeza misma del terrible Dirianghen.

Será la última, se decían así mismo ambos comandantes y efectivamente, aquella batalla había durado todo el día hasta casi el atardecer cuando ya las tropas españolas pasaban a cuchillo a todo indígena que encontraban moribundo mientras otro grupo fuerte y fresco de españoles al cual el propio Alvarez se había unido, perseguían a Dirianghen.

Voy a darle muerte. No pasa de este día. No pasa!

E iba detrás de él, después de haber descubierto la exploración, los vestigios de la rápida curación del cacique, enfiló sus fuerzas por varios flancos y direcciones. Otros a su orden, se les habían unido en aquella búsqueda a la que ahora se habían sumado algunos perros de Pedrarias Davila, que cual tropas especiales, combatían indios y tenían fama de ser buenos y fieros sabuesos que ya habían probado la sangre india y gustaban mucho de ella.

Si no lo mato nos va a acabar por volver locos. Esto ya no se aguanta. Van seis años de lucha y no hemos podido con él. De este día no pasa!

El Cacique ya casi al alba está en la cima del cerro. Escoge su lugar entre lo que después conoceremos como la “Hoyada de Ortiz, al sur del cráter y Loma la Rústica”

El también sabe de su origen divino y al alba, va a convertirse en el dios Sol, su nangue quiere salir al escuchar a lo lejos el ladrido de unos perros de caza.

Siente en su cuerpo que lo han divisado de lejos por el olfato de los perros.

El aire está frío. El sol empieza a salir detrás de él quien está mirando la hermosa planicie que lleva a la cordillera de los Maribios, en donde un poco más allá parece que se ve un espejo. Es el mar. El mar….

El viento golpea el rostro y Dirianghen se acerca más al borde de la arista que sobresale en aquel lugar.

Extiende sus brazos y se vuelve de cara al Sol por el este. Apenas logra estar en pie. Ha perdido mucha sangre en toda la rápida ascensión. El viento lo tambalea a veces. El no tiene temor. Está mirando al dios Sol, a la versión de su creador Tamagastad y quiere gritarle y no sabe si increparlo por haberle dejado solo o alabarle.

El drama de los hombres desde el principio de la humanidad

-cálmate Hecat, te digo que te calmes…! Alzando la voz en un primer grito, que le produce mareo, pero el viento amaina.

-Padre, que has hecho con tu pueblo! Los rayos del sol empiezan a iluminar su rostro.

Que has hecho conmigo tu servidor, tu hijo más divino y más fiel!

Has dejado que ellos vengan a nosotros con armas superiores, montados en alimañas enormes y nos hagan la guerra, violen nuestras mujeres, maten a nuestros niños y ancianos, se los lleven como esclavos a pelear a otras tierras, que mueran por la peste que trae el nyuju….se roben nuestra tierra, nuestro oro, nos quieran quitar nuestros dioses y nuestras costumbres…

¿donde has estado? ¿porque te has escondido de mi?

Siente que su nangue quiere salir. Puja por salir. Está encendido de rabia el nangue. Pero él no lo deja. Aún no, le dice, en voz baja como para que Tamagastad no escuche.

A lo lejos, a unos cien metros abajo, se pueden ver los perros de caza que ya se acercan ladrando. Estarán aquí en un momento.

Mira desafiante al sol una vez más. No hay respuesta. Silencio total.

El no llora. Nunca recuerda haber llorado en su vida. Pero en su pecho se viene una convulsión como a punto de soltar un llanto, el cual contiene, pero no puede evitar el hombre, el guerrero, el bravo y aguerrido Dirianghen, el Jaguar, dejar que brote una lágrima que corre rápido por la mejilla y se cae, seca por el viento helado de la mañana, antes de tocar la tierra.

El dios no ha respondido ni él se ha convertido en sol, sabiendo que puede hacerlo y le corresponde por derecho divino.Pero nada pasa. El dolor en el pecho es más intenso. El deseo de llorar, de rabia y decepción es cada vez más fuerte. Los perros están más cerca y ya se empiezan a ver los primeros hombres del español.

-aaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhgrrrrrr……..

El grito es escuchado hasta abajo y los españoles que vienen armados a la caza, se quedan quietos, helados. Los perros, pitbull, entre otras razas, se han detenido en seco

-que pasa allá arriba!, grita desesperado Alvarez más abajo.-

Nadie contesta. El mundo ha caído en un silencio. El viento de nuevo golpea los rostros y se le oye rugir al pasar por entre las piedras y la escasa arboleda de la zona. Algunos hacen intento de volverse atrás, pero más allá viene su comandante.

El soldado mira hacia adelante y observa que un perro jadeando, lo mira también fijamente a sus ojos como interrogando: ¿Cual es la orden?

El bravo cacique los mira. Ha visto toda la escena y en ese momento sabe que ha triunfado.

El enemigo se ha paralizado ante un solo hombre.

Llegaron y los venció, por coraje con moral.

Pero la codicia de aquellos, el oro, la codicia del poder, (mal heredado hasta nuestros días ) lo invencible del armamento superior…había cambiado esta historia. Tienes que entenderlo Gran NANGUE .

Venciste, pero también perdiste esta batalla.

Otros vendrán. Otros te seguirán y verán lo que tú no vistes esta vez.

Ahora su rostro esboza una leve sonrisa de triunfo,

-Ha escuchado el mensaje de los dioses en su mente y su pecho- ufano y egregio como él mismo, se da la vuelta, unos pasos adelante, el jaguar quiere salir e ir a batirse con los perros y soldados.

Sí, lo seguirás haciendo -le dice el bravo- siempre, siempre, que haya uno solo que quiera conquistar esta tierra y dominarnos como tirano, ahí estarás. Seguro que estarás. Ahora hagamos esto.

Y mirando hacia el oeste, de espaldas al sol, mirando hacia la planicie de su hermosa tierra, al espejo de agua de aquel mar, abre los brazos. Sereno, se lanza cual águila real al vacío, despeñándose más abajo.

Con él se lanza el jaguar, que primero atraviesa el viento acompañándolo para volverse y continuar su misión.

El espíritu del ser se ha vuelto al animal y el animal ahora encarna el espíritu. Pasa encima de la soldadesca y perros, caballos y comandantes.

Nadie intenta seguirlo a la espesura.

Se pierde de vista.

Nunca más dejará de seguir luchando.

El español, jamás encontró ningún cuerpo. Ningún rastro de nada.

Nuestros hermanos, le han escuchado rugir muchas veces en nuestros montes. Siempre al salir el alba que según dicen, es también el momento en que se separan los amantes.

Estándar

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s